viernes, 29 de abril de 2011

Mi tía Boni, en el 2008.


--- Hola tía.

--- Hola, qué pasa, llegas tarde…  Alcánzame el bolso. Toma la cartilla y vete a la caja a que me la pongan al día.

---  Vale, pero, si quieres, el mes que viene me la dejas y te la pongo al día en Madrid.

--- Bueno, bueno, ya veremos…. Espera. Toma cinco euros y te tomas un cafelito.

--- Vale, gracias tía, luego te doy las vueltas.

--- No hace falta, hombre…. Bueno, que las vueltas te las dé en caramelos.

--- Está llamando Juanjo, ¿quieres ponerte?

--- Dame.

1 comentario:

  1. Mi familia materna ha nacido y vivido gran parte de su vida en una aldea de 200 vecinos,(un pueblo grande, para lo que hay por aquí).

    Cuando el teléfono llegó a las casas de los vecinos, muchos de los ancianos no sabían como usarlo, entre ellos mi abuela, quien había sido capaz de comunicarse con sus vecinos sin ese invento durante toda su vida, y no entendía el empeño que tenían sus hijos en instalar aquello en SU casa...

    Una tarde de verano, con un calor sofocante, recordó que tenía un recado para una vecina. Yo estaba sentada en el sofá a su lado, y perfectamente podía haberme pedido ayuda, ¡Pero no quiso, buena era la abuela Cándida!

    El caso es que, sin más ni más, descolgó el auricular lo acercó a la oreja (por supuesto sin marcar) y empezó a gritar:

    - Lucita, Lucita, Lucitaaaaaaaaaa???
    Lo alejó de la cara, lo miró con desprecio y soltó;

    -Boh, eiquí non hai ninguén... xa ven eu digo que isto non vale para nada...

    Lo colgó de golpe, y cogió el camino para casa de la amiga...

    Yo lo recuerdo siempre como ahora... con cariño y una sonrisa..

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